Siglos XX-XXI · Historia del dinero

Dinero fiduciario: cuando el valor depende de la confianza

Un billete actual no puede cambiarse por oro ni por plata. Entonces, ¿por qué lo aceptamos? La respuesta combina leyes, impuestos, instituciones y una buena dosis de historia.

Por Lizeth Karina Salas 3 min de lectura
Artículo histórico y educativo

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Origen del tema: «que así sea»

Fiduciario viene del latín fiducia, «confianza». En inglés se habla de fiat money, de la palabra latina fiat, «hágase». Ambos nombres describen lo mismo: un dinero que no está respaldado por una mercancía convertible, sino por la decisión de un Estado que lo declara de curso legal y por la confianza del público en que seguirá siendo aceptado.

Desde el fin de la convertibilidad en oro, a comienzos de los años setenta, prácticamente todas las monedas del mundo funcionan así.

Contexto histórico: ¿por qué funciona?

Las explicaciones clásicas son varias y se complementan:

  • El curso legal: la ley obliga a aceptar esa moneda para cancelar deudas.
  • Los impuestos: el economista alemán Georg Friedrich Knapp argumentó en 1905 que el dinero es, ante todo, una creación del Estado; si el Estado exige que los impuestos se paguen en su moneda, todos necesitan conseguirla.
  • Las instituciones: la gente acepta la moneda si confía en que su cantidad se administrará con prudencia. Por eso, desde finales del siglo XX, muchos países dieron más independencia a sus bancos centrales y fijaron metas explícitas de inflación; Nueva Zelanda fue pionera en 1990.

Un detalle poco conocido: la mayor parte del dinero que se usa hoy no son billetes ni monedas, sino depósitos bancarios. Un artículo divulgativo publicado en 2014 por economistas del banco central del Reino Unido explicó que, en las economías modernas, los bancos comerciales crean la mayor parte del dinero en el momento en que otorgan préstamos.

Cuando la confianza se rompe: las hiperinflaciones

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El dinero fiduciario tiene un punto débil evidente: si quien lo emite pierde el control, su valor puede evaporarse. El siglo XX dejó varios ejemplos extremos.

Alemania, 1923. Agobiada por las reparaciones de guerra y financiando su déficit con emisión, la República de Weimar vivió una de las hiperinflaciones más conocidas. En noviembre de 1923, un dólar estadounidense llegó a cambiarse por unos 4,2 billones de marcos (4,2 millones de millones). La estabilización llegó con una nueva moneda y un compromiso creíble de limitar la emisión.

Bolivia, 1984-1985. Bolivia atravesó una de las hiperinflaciones más severas registradas en América Latina. En agosto de 1985, el Decreto Supremo 21060 aplicó un programa de estabilización que frenó la escalada de precios en pocas semanas. En 1987, el país introdujo el boliviano, equivalente a un millón de los antiguos pesos bolivianos.

Zimbabue, 2007-2008. Según las estimaciones de los economistas Steve Hanke y Alex Kwok, la inflación mensual de Zimbabue alcanzó en noviembre de 2008 una cifra del orden de 79.600 millones por ciento. En 2009 se emitió un billete de 100 billones de dólares zimbabuenses, poco antes de que el país abandonara en la práctica su moneda propia.

El economista Thomas Sargent estudió varios de estos episodios y concluyó que las hiperinflaciones suelen terminar de forma abrupta cuando cambia el régimen fiscal y monetario: cuando el público vuelve a creer que el gobierno dejará de financiarse imprimiendo dinero.

¿Sabías que…?

Para frenar la hiperinflación de 1923, Alemania introdujo en noviembre de ese año el Rentenmark, con una equivalencia asombrosa: un nuevo marco por un billón de marcos papel (un 1 seguido de doce ceros). Suiza, en cambio, fue uno de los últimos países en eliminar el vínculo legal de su moneda con el oro, recién en el año 2000.

Un debate abierto

El dinero fiduciario tiene defensores y críticos. Quienes lo defienden subrayan su flexibilidad: permite responder a crisis financieras y recesiones, algo que el patrón oro dificultaba. Sus críticos, entre ellos economistas de la llamada escuela austríaca, sostienen que la ausencia de un ancla física facilita la inflación persistente y la discrecionalidad política. La historia ofrece argumentos para ambas posturas: el mismo sistema que permitió respuestas rápidas a crisis modernas es el que, mal administrado, produjo los episodios descritos arriba.

Lo que la historia sí muestra con claridad es que, del siclo de plata al billete actual, el dinero siempre ha dependido de algo más que del material del que está hecho: de reglas, de instituciones y de la confianza compartida.

Fuentes consultadas

  1. Knapp, Georg Friedrich. Staatliche Theorie des Geldes. Leipzig: Duncker & Humblot, 1905 (trad. inglesa The State Theory of Money, 1924).
  2. McLeay, Michael; Radia, Amar y Thomas, Ryland. «Money creation in the modern economy». Bank of England Quarterly Bulletin, 2014 Q1.
  3. Sargent, Thomas J. «The Ends of Four Big Inflations». En: Hall, R. E. (ed.), Inflation: Causes and Effects. Chicago: University of Chicago Press / NBER, 1982.
  4. Fergusson, Adam. When Money Dies: The Nightmare of the Weimar Hyper-Inflation. Londres: William Kimber, 1975.
  5. Sachs, Jeffrey. «The Bolivian Hyperinflation and Stabilization». The American Economic Review, vol. 77, n.º 2 (1987), pp. 279-283.
  6. Hanke, Steve H. y Kwok, Alex K. F. «On the Measurement of Zimbabwe's Hyperinflation». Cato Journal, vol. 29, n.º 2 (2009), pp. 353-364.

Carácter del contenido: este artículo tiene fines exclusivamente históricos, explicativos y educativos. No constituye asesoramiento financiero ni de inversión. Las entidades, monedas e instituciones mencionadas se citan como objeto de estudio; Ganet Up no tiene relación con ninguna de ellas. ¿Encontraste un error? Escríbenos a contacto@ganetup.online.