Antigüedad · Historia del dinero
Lidia y el nacimiento de la moneda acuñada
Hace unos 2.600 años, en un reino de la actual Turquía, alguien tuvo la idea de estampar un sello en un trozo de metal de peso fijo. Así nació una tecnología que seguimos usando.
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Origen del tema: pesar o contar
Durante milenios, pagar con metal significaba pesarlo. Cada transacción requería una balanza y confianza en la pureza del metal. La moneda acuñada resolvió ambos problemas de un golpe: un trozo de metal de peso estandarizado, marcado con un sello que garantizaba su valor, podía simplemente contarse.
Contexto histórico: el reino de Lidia
Las monedas más antiguas conocidas proceden del reino de Lidia, en el oeste de Anatolia (actual Turquía), y de las ciudades griegas vecinas de Jonia. Se fabricaron con electro, una aleación natural de oro y plata que se encontraba en los sedimentos del río Pactolo, cerca de Sardes, la capital lidia. Su datación exacta sigue debatiéndose, pero la mayoría de los especialistas las sitúa entre finales del siglo VII y comienzos del siglo VI a. C.
Una prueba clave apareció a comienzos del siglo XX, en las excavaciones del templo de Artemisa en Éfeso, donde se hallaron monedas de electro en un depósito de cimientos. Muchas de estas piezas tienen un anverso con una cabeza de león —motivo asociado a los reyes lidios— y en el reverso solo marcas cuadradas de punzón. Su peso se ajustaba a un patrón regular, con fracciones cada vez más pequeñas.
El electro tenía un inconveniente: la proporción de oro y plata variaba de una pieza a otra, así que dos monedas del mismo peso podían no valer lo mismo. La tradición atribuye al rey Creso (que gobernó aproximadamente entre 560 y 546 a. C.) la solución: acuñar monedas separadas de oro y de plata casi puros. Algunos investigadores sostienen que esas piezas se siguieron fabricando, o incluso comenzaron, después de la conquista persa de Lidia, por lo que la atribución no es definitiva.
El historiador griego Heródoto, en el siglo V a. C., escribió que los lidios fueron los primeros en acuñar y usar monedas de oro y plata, y también los primeros comerciantes minoristas. Conviene leerlo con cautela —Heródoto mezcla datos y relatos—, pero la arqueología respalda en líneas generales su afirmación.
¿Sabías que…?
La expresión «más rico que Creso», que todavía se usa en varios idiomas, proviene de este rey lidio. Su fortuna se volvió legendaria en el mundo griego, en parte gracias a los relatos del propio Heródoto sobre sus ofrendas de oro al santuario de Delfos.
Una invención que ocurrió más de una vez
Lidia no fue el único lugar donde surgió algo parecido a la moneda. Casi en la misma época, en China circulaban piezas de bronce con forma de pala o de cuchillo, y en el norte de la India se fabricaban monedas de plata marcadas con punzones. Todo indica que fueron desarrollos independientes: sociedades distintas llegaron a soluciones similares ante el mismo problema.
La moneda acuñada se expandió rápidamente por el mundo griego y, más tarde, por el Imperio romano. Con ella apareció también una tentación que acompañaría a los gobernantes durante siglos: reducir el contenido de metal precioso de las monedas —la llamada devaluación o envilecimiento— para gastar más de lo que se tenía.
Fuentes consultadas
- Heródoto. Historia, libro I, 94 (sobre los lidios) y libro I, 50-51 (sobre las ofrendas de Creso en Delfos).
- Wallace, Robert W. «The Origin of Electrum Coinage». American Journal of Archaeology, vol. 91, n.º 3 (1987), pp. 385-397.
- Metcalf, William E. (ed.). The Oxford Handbook of Greek and Roman Coinage. Nueva York: Oxford University Press, 2012 (capítulos sobre los orígenes de la moneda).
- Davies, Glyn. A History of Money: From Ancient Times to the Present Day. Cardiff: University of Wales Press, 1994.
- Goetzmann, William N. Money Changes Everything: How Finance Made Civilization Possible. Princeton: Princeton University Press, 2016.
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